¿Conocen la historia de la “Cacha”?

Por Graciela Deibe.

Aeropuerto PSC
Aeropuerto PSC

Mi historia hoy es de la famosa “Cacha”.  Mi papá era operador en el aeródromo como se le decía al aeropuerto en aquellas épocas. Tiempos muy difíciles por el clima, los trabajadores concurrían en los jeeps de Aeronáutica y a pesar de que usaban por la nieve cadenas en los neumáticos, más de una vez se quedaban encajados y debían bajar caminando al pueblo: mojados y ateridos por el frío.

En aquella época el aeropuerto era unas casitas pequeñas, una de Fuerza Aérea y otra de Aerolíneas; todavía no se había construido el nuevo edificio con la torre de control aéreo; pero había un tráfico intenso, eran varios aviones (de carga y pasajeros) que llegaban por día. Cuando viajé en el 97 me dio mucha tristeza ver el aeropuerto desolado, fui con papá y solo encontramos de guardia a un compañero de él, de apellido Carrasco. Ese lugar era familiar para mí, de pasar muchas horas en él, jugando y explorando.

Aeropuerto PSC
Aeropuerto PSC

Cierta vez le regalaron a los empleados un cordero para que lo comieran, no lo hicieron, lo empezaron a criar y se convirtió en la oveja Cacha, la mimada por todos. Y era famosa! Ella pastaba tranquilamente en los alrededores de la pista de aterrizaje hasta que llegaba un avión, entonces se acercaba con su paso cansino, los empleados de Aerolíneas ponían la escalera (¡no había manga!), y ella subía mientras que la azafata abría la puerta, le daba terrones de azúcar en la boca y recién entonces Cacha bajaba. Hasta que no sucedía esta ceremonia, nadie salía del avión. Existía una revista patagónica, creo que se llamaba La Argentina Austral,  una vez publicaron sobre Cacha y su costumbre, con foto y todo. Era la mascota del aeropuerto. Tuvo un cordero, a ese sí que lo comió la dotación aeronáutica…. Y murió de vieja.


4 comentarios acerca de “¿Conocen la historia de la “Cacha”?

  1. No conocía la historia de la “Cacha”, pero veo que los años no sólo se comieron su descendencia.
    Recuerdo hace años, siendo muy pequeño que llegué a utilizar el aeropuerto del pueblo cuando viajamos con mi madre a Comodoro Rivadavia a visitar a unos familiares. Sentado en una de las escasas sillas miraba por sus enormes ventanales el viento irrefutable y la inmensidad desolada. El paisaje no era triste porque era el habitual, pero dentro se presagiaba el final. El interior descuidado, los escasos pasajeros, la sensación irremediable de cierre de telón, de obra finalizada. Unos años después dejó de funcionar. Con los años el aeropuerto se convirtió en una de las tantas salidas de las colonias de vacaciones, un momento más que permitía fantasear con enormes aviones mirando la pista vacía y la torre como un vigía eterno que resistía el corrosivo paso del tiempo. Igualmente, para los que no conocen ese aeropuerto, hay que remarcar que si bien dejó de ser un punto más de un recorrido comercial, con los años se convirtió en una exclusiva pista para aviones presurosos, llenos de banderas políticas y palabras amplificadas prestas a desembarcar.

  2. Hola Gilgamesh: yo conocí el otro aeropuerto, aquel que diariamente nos comunicaba con el norte, con sus aviones que traían mercadería, gente (parientes o amigos), los diarios y revistas para estar actualizados, se llevaba o traía las cartas para tíos y abuelos. Era el lugar donde yo jugaba los fines de semana cuando mi padre estaba de guardia y lo íbamos a visitar o a llevarle comida. Era el “Trabajo” de Papá, una comunidad pequeña hermanada por el amor a uno de los grandes inventos del hombre: la aviación. Me dio mucha tristeza volver a verlo convertido en un lugar fantasma resistiendo el olvido y el abandono. Gracias por tu comentario. Saludos.

  3. Yo, al igual que Graciela también conocí a la Cacha famosa entre todos los pilotos y camareras (no azafata, como se las conoce ahora) de Aerolíneas Argentinas. Esos crudos inviernos en los que a horas
    muy tempranas, de la madrugada diría, tenían que llegar a su trabajo quienes eran los operadores y me-
    tereólogos. Como no recordar a la vieja camioneta (creo que era Chevrolet) de Juancito Arroyo que los
    llevaba y en la que a veces hacían venir en la caja en pleno invierno a mi recordado amigo Luchito. Esos
    inviernos que hacían que la pista de tierra se convirtiera en un inmenso lodazal y rogábamos de una escarcha fuerte para que pudiera aterrizar el avión. O cuando llovía mucho y se formaban grandes lagunas
    que impedían el aterrizaje y entonces los vecinos del pueblo ibamos con latitas a vaciar las lagunas para
    que se sequen antes y la pista estuviera en condiciones. Cómo no recordarme de tu papá, de Pepe Morán,
    de Carrasco, gracias a Díos aún entre nosotros, de Abalde, de Roberto Morán, de Capel, de los muchachos de Aerolíneas. Roberto Del Río, Carlitos Lajús, Enrique Alvarez, Héctor Coto, Ramiro San Miguel, el negro Eugenio y en fin tantos otros que se me escapan de la memoria. La Estanciera de Aerolí-
    neas y el taxi de Angel Gironi y el viejo Barros que encendía las bochas a mecha con combustible que
    “balizaban” la pista. Esa pista que vialidad provincial la hizo y la volvió a hacer varias veces. Época en la que recibía todos los días de Buenos Aires el diario “Correo de la Tarde” para la venta y en invierno a ve-
    ces, justamente porque los aviones no podían aterrizar, se me juntaban los diarios de casi una semana lo
    que no era un problema “económico” por que ya los tenía encargado. Otras épocas… Y muy lindos recuerdos.
    Muchos cariños a Jorge y a Beba y a vos y tus hermanos a quienes siempre recuerdo.

  4. Gracias, Marquitos!!!!! Mi querido pueblo es inolvidable para los Deibe y sobre todo la familia Marinkovic!!!!! En tu hermano Ivo, mi papá encontró a su amigo del alma…. Te cuento: ya lo convencí y estaremos por allí en el mes de febrero. Me encanta cómo complementás mis pequeños recuerdos de mi vida allí….. De nuevo , gracias , un abrazo grande!!!!! Y nos vemos pronto…..

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *