Cinefilia

El Viejo Cine.
El Viejo Cine.

El Viejo Cine es un boliche del pueblo. Pero hace muchos años, era sólo lo que su título indica: un cine. Dicho así parecería sólo un dato, pero en realidad era un lujo y un orgullo para todos. Contaba mi tío que allí se juntaban cada vez que jugaba Argentina en el Mundial de 1978 y resonaban hasta la calle los gritos ante los goles de Kempes o algún cabezazo defensivo de Pasarella.  Mi padre, que también vio ese Mundial, igual tenía sus anécdotas: decía que una invitación al cine fue la primera cita con mi madre. Aprovechó “una de terror” y la invitó, sin decirle de qué se trataba. Decía que no se acordaba bien el argumento de la película pero que nunca se olvidó de la cara de mi madre, asustada y acurrucada en su pecho y los brazos de él consolándola. (Aunque mi madre siempre insiste en que ya sabía las intenciones de mi padre y que igualmente se apretujaba cada vez un poquito más, aunque la película no era tan terrorífica.)

Programa.
Programa.

Yo también alcancé a disfrutar del cine durante mi niñez, y recuerdo que pasé allí uno de los mejores Días del Niño de mi vida. Habían organizado aquel domingo una función doble, con dibujos animados y una película infantil. Además de la entrada gratis repartían al ingresar una bolsita con golosinas: caramelos, chupetines y pochoclos. Fuimos con mi primo y mi hermano y después de mirar varios capítulos de Tom y Jerry y disfrutar de las aventuras de un extraño gato con poderes que vivía ayudando al simpático protagonista de la película, la tarde terminaba con chocolate, facturas y el sorteo de juguetes.

Nadie duda ya de que la memoria es selectiva y que los momentos más alegres junto a los más dolorosos son aquellos que encabezan el ranking de recuerdos casi marcados a fuego. Y si rememoro ese día con todos sus detalles es que sumada a esa tarde genial, terminé ganando un enorme yate de plástico que mis manos apenas podían abrazar. Todavía mis padres conservan ese juguete como una especie de trofeo extraño, que no es ni más ni menos que un recuerdo sobre un  estante. Junto a un par de irrompibles camiones Duravit y muñecos varios, el cine es un condimento más de una infancia sencilla y divertidísima.

La que sigue es historia conocida: con la llegada de la televisión, los videoclubs y el videocable sumado a los costos cada vez más altos para traer películas, hicieron que la pantalla del cine se fuera de a poco apagando. El lugar que llenó de magia a generaciones de personas terminó siendo un gigante dormido y abandonado. Luego una mueblería, luego un espacio vacío e inútil, finalmente un boliche. Es verdad que en estos tiempos audiovisuales podemos ver lo que queramos y como queramos: existen dvd comunes, portátiles, con entradas USB, estrenos de películas o bajadas de internet, legales o pirateadas, MP 4, 5 y no sé hasta qué número más. Pero la sala de cine es otra cosa. Es la cita ideal, el murmullo, la cercanía y el abrazo furtivo, la lágrima contenida para que no se den cuenta los demás, la risa general y el aplauso espontáneo. O por lo menos, para los que tuvimos la suerte de conocer ese cine, un cúmulo de buenas anécdotas: la historia de algún beso, de una salida con amigos, de una tarde distinta o la sonrisa de un nene ante las aventuras de un gato y un ratón. Como sea, su recuerdo no deja de ser una cuota de melancolía dentro de un mundo con más zapping pero menos magia.

Gilgamesh.


7 comentarios acerca de “Cinefilia

  1. hermosa nota…
    yo tambien he oido historias del cine… mi papa trabajaba ahi…
    me hubiese gustado estar ahi y disfrutar de una buena peli…
    ojala que en algun moemnto el “sueño” de tener nuestro cine se haga realidad

  2. Qué hermosa descripción de los semtimientos que nos despierta una sala de cine. ¡Impecable! Mientras leía te imaginaba con tu cono de pororó o palomitas. Soy un fanática de la pantalla gigante. Ningún otro medio ha logrado reemplazarlo.
    Ojalá que lo podamos recuperar.

  3. que nos esta pasando a Santa Cruz, el cine , la telefonica ,con un monton de empleados , el correo , gas era del estado, la cooperativa , la anonima, el coloso, la argensud, cuanto retroceso, cuantas historias hermosas y cuanto pasado ,, cuantas cosas en el recuerdo,!!!!!!!

  4. Me encanta esta nota! nada mas rescato q la gente de turismo coloco unos lindos carteles a la vista de todas las construcciones historicas del puebblo, para mi q esa es una manera de destacarlas y de contar la historia del pueblo a los visitantes, capaz nosotros no nos demos cuenta porq estamos acostumbrados a verlos, pero la gente q nos visita los agradece mucho.
    Nada más falta q algunos propietarios mantengan lindos los frentes de estas edificaciones!!! un abrazo y aprobecho a mencionar a Mario Hernández si me habrá contado del Cine Perfect, un abrazo Mario!siempre gracias por lo aprendido entre mates!
    Caro.-

  5. Muy sutil me encantó la nota por su simpleza y por su agudeza a la hora de llegar al corazón. Comparto con Carolina lo de las referencias históricas que tenemos en el pueblo y a ver si mantenemos más limpios los frentes. Con respecto a las privatizaciones no es sólo de Santa Cruz así que no hay mucho que decir al respecto.

  6. PICHUCA CUATA RAZON TENES QUE OS ESTA PASANDO DONDE QUEDO TODO ESO DE PUEBLO DE FAMILIAS DONDE NADIE TE LLAMABA POR CELULAR PARA IR A TOMAR MATE CON VOS DONDE ESTABA EL VIEJO CINE PERFECT DONDE TODOS ERAMOS CONOCIDOS Y HASTA EL SODERO DON ECHEVERRIA ENTRABA A TU CASA A DEJARTE LA SODA PARA QUE PENSEMOS MAS…..PICHU COMPARTO CON VOS

  7. Te acordás Pichuca las tardes de Matiné en el viejo cine?????? Cuántos domingos compartimos allí los chicos del pueblo sentados en el Gallinero o en el Pullman. Cuantos buenos recuerdos!!!! Me cuenta mi padre que el primer dueño fue un Sr. Weiss. A las funciones asistía un chileno, personaje de la época que mientras miraban la película gritaba y hacía lío. Weiss suspendía la proyección, aparecía muy enojado con una linterna buscando al revoltoso, y ante la hilaridad general amenazaba con echarlos a todos. Cuando todos se calmaban, se continuaba con la película. En nuestra época , el cine era propiedad del Sr. Nogueira. Recuerdo que se repartía en las casas el programa semanal y lo esperábamos muy ansiosos para saber cuales serían las pelis que veríamos el domingo.

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