Clásico

El Clásico: Atlético-Sportivo
El Clásico: Atlético-Sportivo

Para los que amamos el fútbol, no existe en el mundo un partido mejor que el clásico del pueblo. Y no estoy exagerando. Cualquier clásico nacional o internacional puede ser emocionante, trágico, bien o mal jugado pero el fútbol de pueblo es más que eso. Además de las cargadas inevitables para el que pierda o las semanas previas y posteriores a esos noventa minutos llenas de debates, risas, desahogos que comparte cualquier partido, el pueblo vibra distinto en esos días. Como toda actividad pasional, es un momento que hace que nuestras vidas se tornen extraordinarias, que salgan de lo común. Para todos: para los que miramos el espectáculo y para los que luchan por hacer el mejor partido de su vida. Es el momento más cercano para dejar un rastro en la historia de un clásico que otros se han encargado de engrandecer o incluso en el que cada jugador busca transformarse en el héroe de la tarde, el ídolo que salvó o convirtió el gol de la victoria. Porque un hincha puede olvidarse del gol de hace tres años al Júpiter de Piedra Buena o al Independiente de San Julián, pero difícilmente de cualquiera que haya visto en un clásico.

Desde chico recuerdo tardes enteras en la cancha de Sportivo y el paulatino acercamiento al alambrado que como un rito todo niño debe hacer. Pasar de las corridas y juegos entre la cancha de paleta, los autos y la gente a la fascinación por lo que sucede detrás del alambrado. Descubrir azorado que la emoción y la aventura están del otro lado. Quizás ese pasaje sucedió cualquier día, pero quisiera creer que fue aquella vez que como siempre trepamos el cerco pero no bajamos rápidamente como solíamos hacer y nos quedamos observando desde el techo repleto de gente -sin la actual cabina- un clásico que se estaba definiendo por penales. Como si llegara de repente a ver el final de una película y en un instante entenderlo todo. La tensión contenida, el silencio de la multitud que daba la sensación de estar viendo una película muda o mirando un imponente cuadro lleno de colores ayudado por un cielo sin nubes e impecablemente celeste. Todos habían convertido y sólo restaba el último penal que pateaba el jugador del Atlético. Era un veterano goleador dueño de una zurda admirada por propios y temida por contrarios. El arquero era atípico para su puesto: no demasiado alto pero extremadamente ágil y veloz. La pelota bajo el brazo, los pasos decididos, la ligera brisa y algún que otro grito –quizás del propio Ivo, un maestro al momento de aportar una sonrisa colectiva hasta en los momentos más trágicos-. Sólo eso y dos sonidos que completan el recuerdo: el zurdazo brutal, como un estampido y el ruido del guante que, seco y rompiéndose, desvía el tiro. Hasta el día de hoy, los que recuerdan ese partido, comentan que durante mucho tiempo se podía ver al arquero, sonriente y dolorido, con su mano enyesada por las calles del pueblo.

Siempre han existido momentos en los que por muchos años uno de los dos equipos se torna invencible y definitivamente queda en la historia. Contrariamente, los que yo viví en mi adolescencia fueron de los más equilibrados y aguerridos. Recuerdo derrotas dolorosas y victorias imborrables. Y todo, repercutía en mi casa, porque contrario a los mandatos familiares, mis hermanos y yo no fuimos del Atlético como lo es mi padre. Por eso, ante cada clásico se renovaban los chistes, las cargadas y los recuerdos. Esperábamos todos los años el partido y una victoria para recordarle a mi padre nuestra pasión albiverde. Las derrotas, por supuesto, nos imponían la necesidad de pasar rápidamente a otro tema de conversación. Y mi padre, risueño y enigmático, ganara o perdiera, siempre repetía: “ustedes, porque no vieron a los Gal”. Era una frase inapelable seguida del relato de las aventuras de los cinco hermanos, parte de una familia de jugadores habilidosos que llenaron de gloria la historia del Club Atlético. Sobre todo, la memoria de mi padre adolescente recordaba a tres de ellos que él vio y que ganaron un famoso Campeonato de Campeones en el año 1962, jugados por equipos de las ligas de Punta Arenas, Natales, Río Gallegos y Puerto Santa Cruz. Al decir de mi padre, eran fabulosos. Lo imagino en un mundo sin televisor ni MP3, pegado al alambrado de la cancha del Atlético, mirando a sus ídolos indiscutidos: al “Nene”, a Vicente, a Mateo Sapunar, -un “centrojás” como los de antes, luchador incansable y habilidoso-, y a Ernesto, un capítulo aparte para mi padre. La idolatría no es racional y los recuerdos a través del tiempo agigantan los hechos. Lo digo porque mi padre no recuerda haber visto a Ernesto equivocarse, dar un mal pase, entregar una mala pelota, errar un gol. Lo imagino como un eterno superhéroe de pantalón corto y el 10 en la espalda. Escuché mil veces la historia de un tiro libre en un clásico que todavía no puede sacarse de la cabeza. Él estaba detrás del arco contrario –para ver mejor los goles según él- y lo vio todo como si fuese una cámara de televisión privilegiada ubicada en el lugar indicado. Ernesto acomodó la pelota, sólo dio tres pasos hacia atrás y miró una vez al arco. El tiro fue certero y cada vez que lo cuenta, la mirada de mi padre mira al vacío y sigue viendo girar esa pelota, recuerda la comba y la red que se infla.

Mis recuerdos, sin embargo, son de otro tiempo y otra camiseta. Un sinfín de anécdotas, goles y victorias. Recuerdo un equipo que seguí en mi adolescencia, del que surgen infinidad de situaciones: un gol de media cancha, una chilena sobre la hora, una rabona que se convierte en el pase perfecto al gol. Las corridas de Frete, la precisión de Podestá para definir, la zurda de Emilio y la férrea marca de Moyano, eran sólo algunos de los puntos altos de un equipo que logró partidos memorables, como una goleada en cancha del Atlético, un día en que los “piratas” estrenaban defensor que había llegado hasta México. Pero de un clásico recuerdo una escena que merece rescatarse del olvido. Un joven delantero del Atlético, extremadamente veloz y hábil con la pelota en sus pies, partió desde su propio campo apilando jugadores. Recuerdo con impotencia verlo pasar raudo y sin obstáculo aparente. Lo vi desde el alambrado venir, pasar y avanzar; vi su número en la espalda perderse con rumbo al área; vi el esfuerzo de todos por pararlo y no poder. Hasta que de la nada surgió él: como viniendo de una carrera del otro lado de la cancha, como si del túnel que el delantero inventó naciera de repente el final abrupto y decisivo. La “Bestia” Xaubet, recio y sin miramientos, con precisión y rudeza trabó la pelota y salió como un gladiador venciendo en la estocada final. Desparramado quedó el delantero y ante la sorpresa, la admiración que ya todos le prodigábamos, levantó la mirada y decidió que todavía no era hora de terminar su tarea. Y partió remontando el camino hacia el área rival. Por presencia y velocidad, de repente lo vimos correr como un delantero y acercarse al área rival. Finalmente lo trabaron cuando había decidido rematar al arco y la pelota llegó al córner. Pero nada impidió el frenético retumbar de las palmas, el merecido reconocimiento a un jugador que no conocía términos medios.

Desde aquellos tiempos, el Sportivo vivió momentos de campañas productivas desde su vuelta a la victoria en el 2000 cuando gana el campeonato en un clásico. Es el tiempo que mi hermano más pequeño no se cansa de recordar, cada gol y cada uno de los títulos del pentacampeonato 2002 – 2007. Desde “la mejor defensa de la historia” que no se cansa de alabar –aunque no vio otra- hasta las actuaciones del implacable goleador Julio Villalba, los últimos tiempos han sido favorables al Sportivo. Lo cierto es que, más allá de los fanatismos, cada puertosantacruceño amante del fútbol tiene su relato que contar, su parte de la historia que la vuelve única y personal. Si bien el fútbol en los tiempos que corren cada vez se torna más violento en un mundo que promociona que las hinchadas son “aguante, insultos y trompadas” yo prefiero seguir mirando el clásico de mi pueblo, con el olor del choripán y los chicos corriendo, con las banderas y los cantos dando colorido a un partido que merece engalanarse siempre, porque es visceral, apasionado y aguerrido, pero un día de fiesta popular con familia tomando mate; riendo y entristeciéndose en un mismo espectáculo, ya que para algunos será diversión y para otros sufrimiento. Por lo menos hasta que el clásico vuelva a jugarse el año próximo, cuando se renueven, como las esperanzas y las frustraciones, los amores por una camiseta y los avatares de una tarde diferente.

Gilgamesh


8 comentarios acerca de “Clásico

  1. Excelente nota!! Cuantos recuerdos se me vienen a la cabeza, imposible olvidar ese 17 de diciembre de 2000 cuando dimos la vuelta en la cancha de los primos después de ganar 2 a 0 o cuando inauguraron las tribunas nuevas en el 99 y les ganamos 4 a 1. obviamente mi memoria es selectiva y nunca me alegra recordar cuando nos toco perder ja ja. Si bien soy del sportivo reconozco en el atletico a una gran institución por historia y presente, creo que ambas instituciones hemos dejado bien representado al pueblo cuando nos toco salir. Y otra cosa para destacar es el fanatismo y el tener nada que envidiar a otros clasicos, porque el domingo pasado mientras se jugaba el superclásico no falto nadie a la cancha, estaba llena como siempre. Por estos lados como en todo el pais uno es de river, boca, Racing o independiente entre otros, pero primero sos del sportivo o del atletico. Gracias por la nota, me alegraron la mañana con tantos recuerdos y el del domingo, tan fresco todavía.

  2. que buen resumen de un evento tan importante y con tanto color. este clasico junto con el de caleta es el mas grande de la pcia sin dudas por la relevancia provincial de las 2 instituciones, por la calidad de jugadores que tienen y han tenido, por ser un pueblo con el futbol en la sangre y por el gran acompañamiento de sus simpatizantes adonde vayan. yo puedo decirlo con fundamento porque fui juez de lines hace varios años en la zona centro y lo que mueve este partido no se puede comparar con el de piedrabuena y el de sanjulian donde fui 4to arbitro. es muy bueno que le den un espacio a este acontecimiento y tan bien expresado por quien escribe

  3. Como dice Chato, todo santacruceño primero es del Sportivo o del Atlético, luego pondra su corazón en otros equipos nacionales. Mi corazón es del Sportivo Santa Cruz, luego tiene su lugarcito Racing. Nací en 1954 en la sede del Club Sportivo,temporariamente mis padres vivían allí con la familia Alvarez, bufeteros del club. Cuántos recuerdos me trae esta excelente nota, los partidos de la década del 60 cuando en esos clásicos históricos se enfrentaban en el campo de juego y en el público los dos rivales: Sportivo y Atlético, nosotros , los chicos jugando despreocupados, las señoras en sus autos festejando a bocinazos los goles de unos y otros o perdiendo la compostura y a veces hasta las amistades diciéndose improperios no propios de señoras…… Ivo en el arco, los hermanos Gal, Mateo Sapunar….tardes inolvidables donde algunos festejaban y otros volvíamos a nuestros hogares con la cara larga debido a una derrota deportiva.

  4. Querido Gilgamesh:

    Insisto que todo lo que escribís es excelente, soy tu fan indiscutible.

    Pintar la realidad y la historia de vida de Puerto Santa Cruz, hace la lectura muy amena.

    Esta felicitación, muy sentida, la extiendo a Soledad y Lucila que cada quincena nos asombran con la revista.

    Los leo todos los días.

  5. Aunque no tengo fibra futbolera, cada expresion de esta nota conmueve igual que las pinceladas armoniosas en una pintura que se disfruta.
    Gracias por destacar el ayer y el hoy de un deporte popular que en nuestro pueblo aun no se ha mercantilizado
    Un verdadero placer leer tus notas que despiertan nuestros sentidos reviviendo el azul del cielo ,el aroma de los choris, los gritos de la hinchada , las bromas del Ivo…..SENCILLAMENTE IMPECABLE COMO TODO LO QUE PODEMOS LEER EN ESTE PORTAL….

  6. Que hermosos recuerdos…relatos…historias…espero volver a vivir esa magia de las hinchadas vibrando …de los jugadores dando todo…..aguante el clásico local.AGUANTE VERDE DE MI VIDA

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