La historia más esperada…
Después de 74 años y algunos meses tengo la posibilidad de relatar el hecho policial más importante en la historia de la Policía de Santa Cruz, por aquel entonces Territorio Nacional.

Banco Anglo Sudamericano-1912-1935
El asalto al Banco Anglo Sudamericano sucedió el 21 de abril de 1935, arrojó el saldo de dos empleados de la entidad bancaria asesinados, provocó lesiones de distinta consideración al Sr. Gerente , Alberto Mac Quibran y a su esposa Teresa Quijano.
Durante la fuga, recibió un disparo en la cara el guarda cárcel Miguel Rodríguez y fue ejecutado Carlos Boiselier, también guarda cárcel.
Los dos empleados asesinados, tesorero y auxiliar, eran Thomas Henderson y Donald Sutherland, quienes están sepultados en nuestro cementerio, uno junto al otro…un lugar donde jamás he visto colocada una flor…
A continuación y por razones de espacio trataré de relatar este hecho que por un pacto de silencio, muchos puertosantacruceños nacieron, vivieron y murieron si enterarse de lo que aquí sucedió en Puerto Santa Cruz.
Considero que es una reparación histórica, ya que a mi entender de este suceso estaba prohibido hablar. Sin embargo la historia se compone de hechos buenos, malos, alegres , tristes y todos deben difundirse…aún más allá del dolor que podría causar.
Ningún acontecimiento puede ni debe ocultarse, porque de ese modo la historia verdadera jamás será completa. La extinción indígena, la orgía de sangre que comandó el Teniente Coronel Varela en la tristemente célebre Patagonia Rebelde; los asesinatos de Ramón Lista hacia varios integrantes de los pueblos originarios; la Conquista del Desierto al mando de Julio A. Roca, el accionar violento de la Liga Patriótica y la Asociación Pro- Patria dirigidas por el Doctor Sicardi.
Dedico este trabajo a mi colega y amigo Mario Hernández, incansable trabajador de la Cultura, apasionado por el Museo, el Patrimonio histórico, la investigación y revisión histórica y todo lo emparentado con nuestro pasado.
Para ubicar geográficamente a los lectores, daré algunos datos sobre los lugares donde transcurrió el episodio:
El inmueble donde fueron asesinados los empleados del Banco Anglo, está ubicado entre la calle San Juan Bosco, entre San Martín y Belgrano. Hoy conocida como la casa del maestro Burgos; conserva su estructura y aunque fue restaurada se respetó la arquitectura original.

Referencia histórica.
El inmueble donde funcionaba el Banco y vivían el Gerente y su esposa, ubicado en la intersección de las calles Belgrano y Sarmiento. Conserva la estructura. En sus ventanas se pueden apreciar las rejas originales del Banco. Hoy es conocida como la casa de la Flia Hamman- Córdoba y posee cartelería histórica.
El relato.
Aquel domingo 21 de abril de 1935, nada hacía suponer que un hecho de este tipo colocaría a la pequeña localidad de Puerto Santa Cruz de 1500 habitantes en las primeras planas de los grandes diarios de Bs. As.
Todo era rutina, una simple rutina dominical…
Lo más relevante de ese día fue la crónica deportiva. Se disputó la quinta fecha del campeonato metropolitano. Independiente y Estudiantes encabezaban la tabla de posiciones mientras Tigre era el furgón de cola…
Toda la atención estuvo puesta en el súper clásico, en el que Boca Juniors con un gol de Cherro superó a River por 1 a 0.
Aquella noche cambiaría la historia drásticamente.
El asalto se produjo poco después de las 23:00 horas. Los autores del asalto asesinaron al contador y a un auxiliar del Banco, quienes vivían juntos en una casa donde tenían las llaves de la puerta de entrada y las del tesoro; golpearon salvajemente al Gerente y a su esposa , quienes vivían en el mismo edificio donde funcionaba la entidad crediticia.
El monto de lo robado ascendía a $ 225.000 –equivalente más o menos a un millón de pesos actuales-
El jefe de la Policía del Territorio era el Comisario Eduardo Victoriano Taret.
Con grandes caracteres, el Cotidiano de Río Gallegos, “La Unión”, mencionaba en su edición vespertina del lunes 22 de abril: “El vandálico asalto de anoche, en Santa Cruz” y agregaba: “El contador y el auxiliar del Banco murieron instantáneamente por los disparos hechos por los delincuentes”.
El estupor recorría toda la región, por el atraco y por las muertes que se cargaron los delincuentes, aunque más sorpresas deparaban a los vecinos para cuando se enterasen de quienes eran los autores del hecho.
Sin perder tiempo, en un avión de “Aeroposta Argentina” llegó al pueblo el Comisario Taret, iniciando activas investigaciones, sin llegar a concluir nada. Es que ni en ese momento, ni después – más allá de las innumerables declaraciones y fastidiosos interrogatorios- Taret y su equipo tendrían pista alguna de lo sucedido.
Nada…
¿Dónde estaban los culpables?
Se detuvo a toda persona desconocida que viajara en auto o a caballo y se inició un minucioso rastreo por todo el territorio.
Nada…
El Comisario Taret indaga, pregunta, averigua. Se queda en Puerto Santa Cruz durante tres meses, convencido de que los autores residían en la localidad.
Trataba de mantenerse atento para comprobar el momento en que se produjera algún gesto por parte de los vecinos. Aguardaba el momento oportuno y que alguien declarase. Mientras tanto el pueblo continúa la vida con normalidad.
Entonces el 6 de Octubre, encontrándose en Puerto San Julián, se produce una novedad. En el momento de embarcar hacia Río Gallegos se le acerca el vecino Julio Aloyz – quien ese día había llegado de Capital Federal- y le comentó que allí había visto a Emilio Gustavo Lajús y había oído decir que la persona antes mencionada gastaba dinero en forma desproporcionada, al punto de haber comprado un automóvil Playmouth.
Tras la pista.

Lateral del edificio.
Lajús era un hombre que gozaba de muy buenas referencia. Taret decide regresar a PSC y comienza la investigación del presunto sospechoso. Se comentaba que en Buenos Aires, el derroche de dinero era exagerado, por lo que Envía a Capital Federal una orden para que certifiquen los movimientos monetarios. Al día siguiente todo se confirma. Gastos y más gastos…
Finalmente por orden del comisario se lo detiene y es trasladado a Río Gallegos. El sospechoso evade todo tipo de responsabilidad.
Tras largos interrogatorios, el detenido pide un descanso. Taret encuentra en ese momento la oportunidad de aprovechar el cansancio y el estado de nerviosismo del interrogado.
El policía le asegura la próxima visita a la casa de su madre- en Pigüé- para registrar la vivienda y que también era inminente la llegada de sus familiares en un avión.
Para las 18:00 Taret informó al Comisario Tolosa que iba hasta la oficina de telégrafos a atender un llamado urgente, en ese momento escucho el sonido de un avión sobrevolando la ciudad. Esperó que el avión aterrizara, minutos más tarde ingresó a la oficina donde estaba declarando Lajús.
Taret sacó de su bolsillo una pistola calibre 45, gemela de la que utilizaron en el robo y la arrojó sobre el escritorio diciendo: “Acá tenés la pistola que usaste para matar a los ingleses, ya no necesito tu declaración, todo está comprobado. Todo”.
El acusado miró la pistola –idéntica a la que había utilizado- atormentado por los nervios y sin mirar la numeración, se levantó, se mordió la muñeca y dijo: “Está bien, soy el autor”…y lloró desconsoladamente.
La pistola arrojada sobre la mesa era la pistola de uso oficial, y el parecido con la utilizada en el robo confundió al confeso autor del hecho. Fue una mezcla de audacia, perseverancia y sentido común lo que permitió dar con los culpables del delito.
A la confesión se agregó el nombre de un cómplice, se trataba del sobrino del detenido. Sin embargo la participación del familiar fue secundaria ya que -según la declaración hecha por el principal implicado – él no había asesinado a los empleados de la entidad ni había ideado el asalto. Emilio Gustavo Lajús había nacido en 1907 y contaba con 28 años de edad.
La Fuga.
Luego de la confesión, los culpables fueron trasladados a la cárcel de Río Gallegos. A las 10:15 h. del jueves 13 de agosto de 1936, en un momento de recreo, Emilio se apoderó de la carabina de un guarda cárcel iniciando la fuga con la complicidad de otro detenido.
Otro guadiacárcel apostado en la garita disparó varias veces sin éxito. Los fugitivos saltaron una tapia de 2 metros de alto y 7 hilos de alambre. Emilio sin darse vuelta le dispara en la cara al segundo guardia. La fuga es a paso apresurado. Otro guardia les dispara de rodillas a lo que Emilio, desde 150 metros respondió acertándole una bala en el corazón.
Cuando estaban cerca del cementerio viejo, una bala le dio a Lajús en la pierna quebrándole el fémur…estaba perdido.
¿Qué hacer entonces?
Apoyó la culata en el suelo y como pudo, sabiendo que le quedaba solo un proyectil, colocó su mentón en el caño. Con el pulgar buscó el gatillo, lo apretó…murió en el acto. Viendo esto Gabriel Tulián, el otro prófugo, levantó sus manos y se rindió.
Emilio G. Lajús era casado y tenía hijos. Esos hijos supieron llevar con muchísima dignidad el apellido, con una conducta honesta, ejemplar, intachable y trabajo decente. Gozan hoy del respeto, aprecio y cariño de todos los vecinos de Puerto Santa Cruz.
A ellos, mi respeto y disculpas… soy historiador y poeta. La historia debe ser contada.
Jorge Luis Vázquez
Premio Monte León
Mejor labor literaria.
Bibliografía consultada:
Diario “La Unión” -1935-
Archivo “La Opinión Austral”
“La chocolatería” – Horacio Lafuente-1996-
Investigación en Juzgado Federal – Río Gallegos-
Archivística.
Testimonios vivientes.