Por Paz Interior
Decía el Mariscal Helmuth Von Moltke, quien fue durante 31 años Jefe del Estado Mayor del Ejército Imperial Prusiano -considerado una de las
mejores organizaciones militares de la historia- que “ Los oficiales del Estado Mayor se dividen en cuatro categorías: los inteligentes, los estúpidos, los voluntariosos y los vagos. Cada uno posee, sin embargo, dos de estas cualidades. Aquellos oficiales que son inteligentes y voluntariosos son idóneos para los más importantes cargos del Estado Mayor. Se puede emplear también a los estúpidos y los vagos. El hombre que sea al mismo tiempo inteligente y vago es apto para las más altas funciones del comando, porque tiene la naturaleza y sangre fría necesarias para hacer frente a todas las contingencias. Pero quien sea simultáneamente estúpido y voluntarioso constituye un grave peligro, y debe ser inmediatamente relevado.”
La máxima de Von Moltke es precisamente el punto de partida que creemos aplicable para confeccionar el estereotipo perfecto del dirigente político argentino. Quien desee formarse como dirigente político (ya sea en las más altas esferas de la función pública o en cualquier estructura partidaria) en la Argentina deberá, en principio, ser sumamente perceptivo y seleccionar a su equipo con las cualidades que describe este prestigioso estratega, pero exactamente al revés.
En los tiempos que corren, para llegar a la cima de la conducción política, hay que saber rodearse de personajes voluntariosos, por supuesto que si son estúpidos mejor. El voluntarioso, así como el obsecuente, le garantizará lealtad absoluta, rumores y chismes de último momento, y será capaz de traicionar hasta a su madre con tal de complacerlo. Por supuesto que además su estupidez le garantizará sumisión. Es muy difícil que un obsecuente e incapaz quiera brillar o “serrucharle” el piso.
En segunda línea coloque a los vagos e incapaces: estos servirán de “zona de amortiguación” entre la primera línea y los últimos escalones de su pirámide de colaboradores. Todas las consultas, dudas, propuestas o proyectos que surjan de abajo, quedarán en su escritorio. Tampoco tendrá demasiada iniciativa como para destellar y opacarlo, así que es un reaseguro de su liderazgo.
En tercer lugar deben quedar los vagos pero inteligentes porque ya en esta instancia se necesita algo de proactividad y capacidad como para que su gestión pueda mostrar algún tipo de logro. Si bien los vagos-inteligentes podrán hacer algún berrinche de vez en cuando, pretendiendo reconocimiento y exigiendo que se escuchen sus propuestas. Este tipo de sobresaltos será realmente efímero ya que se dan por vencidos lo suficientemente rápido como para acomodarse nuevamente en su espacio técnico.
En último lugar, bien controlados y contenidos, deben quedar los inteligentes voluntariosos. Estos son de extrema utilidad, se los puede aprovechar al máximo pero siempre haciéndoles notar que están en un lugar ínfimo en la cadena de responsabilidades. La técnica perfecta para mantenerlos sosegados es minar su autoestima. Nunca se les debe reconocer su trabajo. Aunque de vez en cuando se los puede motivar con alguna palmadita, como los perros, no deben dejar de saber quién manda y quién los puso en su lugar. Por supuesto, ante el menor indicio de que sus figuras comienzan a concitar simpatías o reconocimientos, hay que eliminarlos inmediatamente de la estructura. Los inteligentes y voluntariosos son necesarios para el político o dirigente consagrado, pero también son la amenaza más importante para su supervivencia.
Finalmente resta señalar que si usted es un dirigente político (en cualquiera de sus variantes) y al analizar la personalidad de sus colaboradores inmediatos, logra identificar este tipo de esquema de trabajo, tenemos que felicitarlo, logró conformar el equipo perfecto que le asegurará perpetuidad casi ilimitada en su cargo y confirmará su mediocridad, condición realmente excluyente de esta exitosa, moderna y vigente fórmula para considerase un político modelo de nuestra bendita Argentina, país más que generoso!

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Quiénes Somos
El ser humano es contradictorio por naturaleza. ASD pudo comprobar esta excluyente condición humana al realizar un escueto relevamiento sobre las ventajas y desventajas de la estación del año que estamos cursando –el verano-. Es así como nos dimos cuenta que la sabiduria popular es infinita y que el gataflorismo no respeta sexo ni edad. Ni a hombres ni a mujeres hay traje de baño o bufanda que les calce bien. 


