El pensamiento apocalíptico.

Por Juan C. Arrechea

Hoy en día existen teorías, es decir modelos de la realidad, firmemente apoyadas por las observaciones empíricas, que permiten conocer a grandes rasgos la historia geológica y biológica del planeta tierra.

Representaciones.
Representaciones.

Lo que se encontró en este mundo y en los planetas y satélites explorados por las naves no tripuladas enviadas por la nasa y otras agencias espaciales, no responde a la idea histórica de un universo en armonía, regido por un orden universal abstracto, todo lo contrario; la evidencia muestra una historia de extraordinaria violencia, cambios catastróficos, extinción del 99% de las especies vivientes que han existido, una sucesión de cambios climáticos que han alterado el paisaje continuamente, la cuál no refleja ninguna armonía sino que se aproxima más bien a la idea de equilibrio inestable: un estado de frágil estabilidad que se desliza continuamente hacia otras condiciones.

Tampoco lo que se sabe de la historia humana nos muestra ese paisaje idílico, esa edad de oro, a la que hacían referencia, quizás como expresión de deseos, las filosofías de la antigüedad, la historia de estos depredadores esperanzados que constituyen la especie humana, es una historia de lenta superación de sus limitaciones, de progresiva consolidación de los procesos cognitivos, de lenta constitución de una inteligencia que representa una especialización evolutiva que ha hecho, de individuos débiles y prácticamente desarmados, la especie dominante del planeta tierra.

Ese lento progreso de la especie humana, habitado por los fantasmas de la crueldad, de la irracionalidad, del odio social, por el espíritu oscuro del racismo y de la intolerancia, por la violencia de género y por todas las contradicciones que conocemos: Guerras fratricidas libradas en nombre de religiones que se proponen como verdades absolutas y otras maravillas; un espíritu de apropiación que puede llegar a convertirnos en los felices propietarios de un desierto sin vida y todas las contradicciones que queramos encontrar, ha sido sin embargo sostenido en el tiempo, con avances brillantes y profundos y oscuros retrocesos.

Conociendo estas particularidades evidenciadas por los hechos históricos podemos suponer que acontecimientos como los terremotos de Haití y chile, tsunamis y demás desastres naturales y sociales, no reflejan otra cosa que las condiciones reales en las que la vida ha evolucionado sobre la tierra, las mismas características que producen estos fenómenos han producido las incontables formas de vida que pueblan nuestro mundo.

Existe sin embargo una categoría de pensamiento que encuentra un curioso placer en leer en estos acontecimientos los signos del “fin del mundo”, el pensamiento apocalíptico, el de aquellos que encuentran una extraña gratificación en el triunfo de la muerte sobre la vida.

Naturalmente para cada uno de nosotros llegará un último día, pero el mundo, los movimientos de la historia, pueden prescindir de nuestras pequeñas existencias, el universo seguirá existiendo y aunque la especie humana desapareciera la vida seguirá imponiendo su riqueza a la entropía, generando nuevas posibilidades, mundos, especies, religiones, artes, filosofías.

Quizás, más que subscribirse a lo que estos promotores del temor y la culpa, quienes muchas veces en el pasado se han mostrado dispuestos a colaborar en la extinción y la expansión de la miseria humana – léase el nazismo, Guyana, Waco, el genocidio de los pueblos originarios, etc.- aportando significativamente al cumplimiento de sus mas siniestras profecías, habría que preguntarse que clase de miedos, resentimientos, que profunda herida en sus historias personales los ha llevado a desear la destrucción de la vida y el triunfo del mal.


Un comentario acerca de “El pensamiento apocalíptico.

  1. Muy bueno, según Einstein solamente dos cosas son infinitas: El universo y la estupidez humana. Con respecto a los pueblos originarios pareciera que recién ahora están despertando del genocidio, bienvenido sea!

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