“Si había alarma había que evitar salir”.

 Enmarcado y sobre la pared, aquel cuadro resguardaba desde el 30 de Septiembre de 1982 las palabras de reconocimiento “de los importantes servicios prestados a la Patria con motivo del conflicto bélico por nuestras Islas Malvinas”. Su portador, Oscar Ángel Álvarez.

“Tito” Álvarez es un conocido comerciante de Puerto Santa Cruz que durante el tiempo que la cotidianidad de este pequeño pueblo se alteró por el conflicto que a 500 Km. se vivía en Malvinas , le tocó cumplir el rol de jefe de manzana. 

Su designación por parte del entonces Intendente Municipal y Presidente de la Junta Municipal de Defensa Civil Aldo Horacio Martínez, según el testimonio de Tito correspondía más a la responsabilidad de cada vecino con su manzana y sus vecinos, con el compromiso de ayudar y no con atribuciones especificas de algún cargo determinado.  “Ni bien se enteraron de la noticias de Malvinas, las FF AA conjuntamente con las autoridades de la Municipalidad, formaron la Defensa Civil, compuesta por gente del pueblo. La manzana que a mi me tocó tenía pocas casas, los vecinos nos conocíamos todos, ante cualquier dificultad yo debía acercarme, las personas no podrían salir de la casa, debían esperar las indicaciones, porque si había alarma había que evitar salir”. 

psc_1982Había reuniones periódicas en el municipio donde se recibían por parte del jefe comunal cuál eran las precauciones que debían tomarse, el “oscurecimiento” en las casas y  en caso de alguna alerta roja , se aconsejaba que los que tuvieran coches tuvieran preparado en el vehículo algunos comestibles, abrigo, agua… “fue un período feo y crítico, los vehículos transitaban muy poco”. 

Cuentan que el invierno de ese año fue muy frío y que en el pueblo la cantidad de habitantes se duplicó, llegaban tropas y comandos de pilotos y muchos soldaditos del norte del país que durante su estadía en Puerto Santa Cruz fueron “adoptados” por muchas familias, aunque el  Gimnasio Municipal por esa época se transformó en albergue por excelencia. 

En la memoria colectiva se recuerda un día donde hubo apagones de luces y corridas,  una alerta roja, y es que un avión había entrado en la zona de las antiaéreas (en esa ocasión la nave no fue derribada). Tiempo después se supo que el aparato era argentino

“Ese día era la hora de la misa y también en el cine había una función, donde asistían los soldados, los jefes de manzanas en ese momento tuvimos que comunicar que no había pasado nada, era una falsa alarma”. 

En el principio.

“La situación fue particular, un día nos despertamos y nos enteramos que habían tomado las Malvinas, de ahí se pasó de un extremo a otro todo.  Primero con la esperanza de creer  poder recuperar las Islas. Después las cosas cambiaron, nervios y estado de alarma, más aquí que habían bases de aeronáutica, estamos muy cerca. En mi caso particular me tocó tener en los primeros días de la guerra un sobrino directo; al tener un familiar allá, lo vivimos de forma especial, aunque no estuvo al frente, los riesgos estaban”. 

Álvarez recuerda que con el tiempo ese sobrino escribió un diario donde dejó plasmadas las impresiones de la Guerra, también sostiene la necesidad de  tener en la memoria la deuda  aún pendiente con aquellos que murieron allá, el respeto para los veteranos y sobretodo conciencia de que estos hechos nos afectaron como argentinos y más aún como patagónicos.

SB

(*) Testimonio realizado para el Taller de Historia Tercer Ciclo junto al  VGM Prof. Juan Carlos Villalba  -IMA PSC-  Como tributo a los pobladores de Puerto Santa Cruz del año 1982, jovenes puertosantacruceños de hoy.


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