Vacaciones

Mi amigo de La Plata todavía se sigue asombrando de la foto familiar que tengo enmarcada en la pared de mi casa: mis dos hermanos y yo, torso desnudo y amplia sonrisa, en la costanera del pueblo. Adolescente yo, un nene mi hermano, un bebé el menor, los tres miramos la cámara y disfrutamos del sol. Mi amigo no sólo no cree que esa playa es la de Puerto Santa Cruz, sino que también descree de mi relato cuando le cuento que acto seguido, con mi hermano corríamos a toda velocidad para zambullirnos de cabeza en las aguas siempre frías de la ría. El que se introducía primero y más lejos ganaba la carrera y todos los años la jugábamos ante la sonriente mirada de mi padre y los gritos preocupados de mi madre que con cierto toque teatral nos quería hacer creer que si íbamos más lejos una enorme correntada nos atraparía. Entiendo la desconfianza de mi amigo, porque no puede creer que los veranos de hace muchos años en el pueblo sean como yo le cuento que eran: calurosos y con lluvias escasas.

Para nosotros, las vacaciones familiares nunca cruzaban los lindes del pueblo y nunca nos aburrimos. Por supuesto que cuando se es un niño cuesta no encontrar un motivo cualquiera para jugar, pero mi recuerdo de las vacaciones incluyen a mi familia, que aprovechaba el tiempo para pasarla bien, sin necesidad de viajar muy lejos. Entre aquellos veranos, recuerdo los infaltables viajes al “pozón”, cerca de un faro escondido y olvidado camino a Punta Quilla. Era la excusa perfecta para mi padre y mis tíos, amantes de la pesca, que pasaban mañanas y tardes enteras con la caña en la mano y el torso al sol, mientras mi madre y mis tías cebaban mate y mis primos y yo correteábamos entre las matas, buscando calafate y jugando a las escondidas. Todo recuerdo conlleva siempre la sensación del momento y esos fascinantes viajes de mi infancia van acompañados siempre de la sensación de enorme felicidad. Desde la mañana temprano esperábamos la vieja camioneta amarilla de mi tío para subirnos detrás junto a mis primos y salir, con el viento de verano en la cara rumbo al puerto. Alguien definió que la felicidad es la suma de los pequeños y efímeros momentos de alegría que la memoria se encarga de juntar y el viaje por la ruta a Punta Quilla, agarrados de alguno de los caños de la camioneta, mirando a mi hermano sentado concentrado con algún juguete y el paisaje único del río que se pierde más allá del puerto es sin dudas, una de aquellas fotos imborrables de mi vida. Nada superaba los bifes en la enorme plancha que mi padre todavía conserva ni los budines caseros de mi tía que acompañaban los mates de la tarde. De esos viajes recuerdo las visitas a Monte León y las infaltables fotos en la Olla o los partidos de fútbol familiares para coronar una tarde en la Isla Pavón.  

colonia de vacaciones PSC
colonia de vacaciones PSC

Pero no existe para un niño en Puerto Santa Cruz nada más divertido en el verano que las colonias de vacaciones. Y yo también participé de sus actividades desde muy pequeño y hasta que la edad me lo permitió. No existe un rincón del pueblo que no se haya recorrido con las colonias, desde la ya legendaria plaza, pasando por costanera y puerto hasta los lugares que más ansiábamos: Cañadón Misioneros y los cinematográficos Arenales, la Pingüinera, la chacra municipal, el aeropuerto, la Toma o la Rural –el viejo camping era un clásico con su canchita y sus extrañas aguas termales-. Era un mes cargado de aventuras y juegos, que siempre estaba coronado con un campamento a la Cordillera. Nos encantaba Calafate, pero en realidad esperábamos que nos tocara uno de esos lugares inhóspitos para nosotros, cercano a alguna estancia alejada, en los que pasábamos una semana de auténtico campamento. Construíamos los baños, armábamos un enorme pozo para el fuego de la cocina y la colosal carpa que aportaba el Ejército en la que cabía toda la delegación de niños. De esos viajes recuerdo miles de anécdotas: cuando jugando a “luces y sonidos” uno de los choferes se quedó dormido y no podíamos completar el juego; la vez que subiendo a uno de los montes nos cruzamos con un auténtico puma patagónico y uno de nuestros acompañantes, el legendario don Torres se acercaba con un grueso palo hasta casi tocarlo –él decía que podía cazarlo- y una vez que tuvimos que soportar tres días seguidos la persistente lluvia y sus consecuencias.

campamentos de verano
campamentos de verano

De esos viajes también tengo una foto que esconde un recuerdo más extenso. Abrazados con mi hermano debajo de las aguas congeladas de un chorrillo, tratando de esbozar la sonrisa detrás de los dientes apretados e insistiéndole al que tomaba la foto para que se apurara. Era uno de los momentos de aseo colectivo que todos sabíamos que nos tocaría. Era una tarde en la que salíamos después de almorzar, una larga caminata a través del campo, bajando y subiendo caminos hasta llegar a una cascada maravillosa. Desde lejos comenzaba a verse el hilo de agua cristalina que a la distancia parecía insignificante y a medida que nos acercábamos se transformaba en un torrente que caía con violencia en un pozo de agua y se transformaba en un pequeño río que se hacía paso entre las enormes piedras. Todos aprovechábamos para mojarnos y bañarnos, inclusive algunas chicas sacaban de sus mochilas algún champú para lavarse el pelo y así pasábamos la tarde. Y sólo algunos –de ahí surge la foto- se animaban a pasar unos segundos debajo de la cascada que caía vertiginosa. Luego los profesores hacían fuego para que nos secáramos mientras repartían el jugo y las galletitas que habían llevado para la merienda. Cuando el sol comenzaba a esconderse volvíamos cantando y limpitos, por lo menos hasta que comenzara un nuevo juego por la mañana.

  Por supuesto que nadie va a dudar de lo placentero que es pasar unas vacaciones en el norte del país, tostándose en una playa de la costa atlántica o alquilando por unos días una casa con pileta. No quiero caer en un lugar común y decir que no hay sitio como mi pueblo para vacacionar, porque no es cierto pero los recuerdos y la nostalgia de la niñez son más poderosos que cualquier espacio físico. Cada cual recordará en su memoria las vacaciones de la infancia y sus sensaciones, así como yo no logro despegar la mía de las postales humildes y sencillas que poblaron cada minuto de mi niñez. El viento en la cara camino al faro olvidado, la rauda carrera al río mientras escucho la risa infatigable de mi hermano, su abrazo debajo del chorrillo helado en la cordillera, el olor del churrasco del almuerzo y la sonrisa. Siempre la sonrisa inevitable, que acompaña cada fotografía. Las que conservo y las que nunca se sacaron, esas que se quedaron para siempre ahí, inalterables y adosadas inexorablemente a los rincones de mi pueblo.

Gilgamesh.


5 comentarios acerca de “Vacaciones

  1. Hermosa la nota, confieso q al leerla me emocioné.. cómo olvidar esas tardes maravillosas de la colonia de vacaciones, te felicito por tus palabras, describirlo mejor?? Imposible. Muchas gracias.

  2. Es comun que los ocasionales visitantes no puedan creer como se disfrutaba y se puede disfrutar el verano en estas latitudes.
    Por supuesto que el aumento del consumismo llevo a poner la mirada en lo top que significa vacacionar en el norte ….pero , quienes aman el lugar y ponen en el la mirada de rescatar sus bondades, se hacen amigos del viento, del camino accidentado para llegar a la baliza que esconde una linda playa , de la dureza del canto rodado que no ha de ser mucho menos flexible que el de Saint Trope………
    Tengo el mejor de los recuerdos de los fines de semana en Monte Leon , cuando no se necesitaban pasarelas ni banos , ni fogones , simplemente se cargaba el vehiculo de provisones se disfrutaba el acampe, la olla y la ingesta de los mejillones y cholgas libres de marea roja hervidos al abrigo del canadon , la cerveza enfriada al resguardo de las rocas cuidando poder rescatarla antes de la subida de la marea.
    Me alegra sobremanera leer tus cronicas de persona joven que conserva la valoracion por la vida en familia ,destacando que en las cosas sencillas cabe el disfrute ………
    Solo quien aprendio en casa a amar el suelo que pisa es palabra autorizada para exigir un futuro mejor , no nos basta con el cartel de CAPITAL HISTORICA ………
    Todos los adelantos son bienvenidos pero lo importante es que no nos gane el consumismo, que no nos tapen de cemento la costanero con esos edificios con los que choca la mirada desde la San Martin cuando busca el color de la ria….Mo precisamos tanta confiteria , seguimos teniendo la canasta del camping…es bueno embarrar la zapatilla y soplar la tierrita del sandwich casero que se pego un revolcon….mis hijos sobrevivieron a esas viandas poco esteriladas , de los bifes a la lata y recuerdan con nostalgia adulta las aveturas de verano.

  3. Coincido con Vale, muy emocionante. Recordaba mi viaje con la colonia al Lago San Martín. Que groso todo eso!!

  4. Coincido con María sobre la inorpotuna idea de construir un edificio al final de la calle San Martín. Todavía me veo iniciando el camino para ir al centro, con el horizonte puesto en la amplitud del paisaje. Ahora me choco con la “Confitería”, una muestra más de la falta de criterio con el que se le ha dado la espalda a los paisajes, en las modernas ciudades. Esperemos que PSC no se convierta en un “pueblo moderno” a costa de lo mejor que tiene.

  5. Hola Gilgamesh!! Me parece que fue ayer, cuando contento esperaba que comiencen las Colonias de Vacaciones, para seguir viviendo esa “niñez eterna” que todos llevamos dentro.El mejor premio que podiamos tener, siempre que no hubiesemos faltado, era el GRAN CAMPAMENTO de premio, que siempre duraba (dependiendo de la comida) mas de 5 dias.Parece que fue ayer, cuando cargabamos grandes mochilas, con dulce, galleta, bidones de jugo, algun cuchillo y cuchara sopera, y caminabamos entre cañadones…primero la nada…despues el sonido…y cada vez mas grande: la cascada de miles de historias, fotos y recuerdos.
    El otro dia con uno de los historicos de estos viajes, todabia nos seguimos estremeciendo, cuando vemos las fotos de su Kodack milenaria, que guarda, cual tesoros… muchas vivencias compartidas. Sabes que me pasa gilgamesh?? Todabia recuerdo esas noches de “truco”, aguantando algun sonanbulo, afiebrado, o quiza simplemente, por robarle el unico tiempo que nos quedaba para distendernos…Tambien veo, en la mayoria de esas caritas inocentes, muchos niños, que hoy son adultos con familias y niños propios. Son papas y mamas de nuestra querida ciudad, y en el tiempo, siento una nostalgica alegria por haber vivido esas historias que hoy nos traes.
    Pero tambien hoy me pregunto, si HOY sera igual, si dentro de 20 años no habra otros niños, que hechos hombre describan sus vivencias en otro sitio…o donde sea!!
    Quiza esas colonias hayan sido la inyeccion necesaria, para que hoy, veamos las cosas con el color real que tienen. Hay una frase que dice que “todo tiempo pasado fue mejor”, y yo le agregaria, que debemos rescatar de nuestra historia, todas y cada una de las experiencias, que nos permitan seguir creciendo, seguir siendo cada dia un poquito mejores que ayer, y mirar en el hoy, todas las bendiciones que disfrutamos, en nuestras familias, en nuestra ciudad, en nuestro hacer cotidiano.
    Quiza el secreto de nosotros mismos, no este en cuestionar, si la cascada esta cerca o lejos, si el agua esta fria, o si hay sol…lo importante es vivir entre todos la maravillosa posibilidad de hacer un camino compartido!!

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