Violencia en las escuelas.

Como consecuencia de la crisis social, cultural y familiar que estamos viviendo,  a menudo nos enteramos acerca de episodios violentos que tienen como escenario, aulas, recreos y guardapolvos. Es un aspecto que lejos de escapar, está presente y no sólo en la comunidad educativa. Los chicos dan signos y los adultos deben dar respuestas.

El hostigamiento escolar Se da en localidades pequeñas de la misma forma que en las grandes ciudades.

Para explicar este fenómeno podríamos comparar a las instituciones como los distintos órganos de un sistema vivo y siguiendo esta lógica,  todos los órganos se relacionarían unos con otros generando armonía; pero si uno de estos órganos falla en consecuencia se produce un desarreglo en el sistema. Es lo que pasa hoy en la sociedad.

Hablar de violencia es  tener presente que se puede agredir aún  sin contacto físico, es asumir que se puede ejercer desde las expresiones verbales o el hostigamiento y que esto tiene consecuencias negativas para quien la padece. Por eso, para  poder actuar, el primer paso es informarse.

Hoy el  hostigamiento escolar (bullying) es una de las tantas formas que adquiere la violencia. Se da en localidades pequeñas de la misma forma que en las grandes ciudades.

Al consultarle sobre este tema a la lic. María Zysman, psicopedagoga del Equipo  «Libres de Bullying», ella nos cuenta  que  desde su experiencia,  es posible mantener el anonimato en lugares chicos. “He conocido chicos de pueblos muy pequeños  participando de esta estructura (bullying) desde uno u otro lugar. Aún conociéndose desde siempre algo los lleva a hostigar a otro, a necesitar este camino para lograr el éxito”.

En este sentido  es esencial acompañar y  reconocer el compromiso de muchos docentes, que más allá de las exigencias curriculares a menudo desde su vocación, se hacen responsables de las  necesidades de los alumnos  y de sus familias. Una tarea que abarca mucho más que el aprendizaje sistemático.

Según la licenciada,  en una comunidad pequeña un chico hostigado no encuentra lugares alternativos de intercambio con pares. Concretamente; vaya donde vaya se encontrará con los mismos compañeros (hostigadores o espectadores). De esta manera su campo de acción se ve limitado y  la intervención tanto institucional como individual se obstaculiza.

De esto sí se habla.

El silencio se convierte en el mayor aliado del bullying. «Cuando un chico o chica comienza a agredir a otro lo hace a espaldas de los adultos y sabiendo que no será descubierto. Cuenta con la capacidad de armar estrategias y sabe cuándo y cómo actuar».

De manera sutil y solapada le hace saber a todos que “de eso no se habla” ya que las consecuencias pueden ser graves para cualquiera. Rápidamente tendrá sus aliados entre sus compañeros.

Si el chico elegido como blanco -el hostigado- reacciona de la manera esperada, llorando o entregando sus cosas, por ejemplo el próximo paso será más largo y firme. Nadie va a hablar.

Así va armándose la estructura que, cuando el ambiente lo permite, continúa.

Siguiendo  con la conversación, al preguntarle acerca de qué situaciones podrían favorecer a mantener estos comportamientos la licenciada dijo: “Tal vez se consideran muchas conductas de los chicos como pasos necesariospara crecer. Como cosas de chicos, todos pasamos por ello y es algo hasta natural para crecer. Esta creencia mantiene la estructura”.

Un mundo de sensaciones.

Podríamos pensar en falta de información o  toma de conciencia de la dimensión del sufrimiento que esto trae para todos los chicos involucrados.

Es obvio que un chico hostigado sufre, vive en un estado de constante ansiedad y dolor,  pero también padecen los espectadores, los demás compañeros que no actúan por temor a convertirse en próximas víctimas, y el hostigado.

bullying

«Un chico que hostiga en algún lado aprendió a  hacerlo. En su familia, en otra escuela, en la calle.  Tiene que “desaprender” ese modelo.

Somos los adultos los responsables de  enseñárselo”. Esto sin duda acompañado por un modelo adulto para que los chicos  tomen como modelo identificatorio.

Una herramienta de cambio es trabajar desde  la intervención; esta  exige un abordaje individual, familiar e institucional. Muchas veces el docente se encuentra solo frente a muchísimos problemas y en primer lugar ante esto es importante hablar con los chicos. Recuperar el lugar de la palabra. Ofrecer (y enseñar) espacios de diálogo y expresión. Incluir técnicas de negociación, de resolución de conflictos.

“El modelo del hostigamiento está presente en todos los ámbitos, el éxito a cualquier precio, el abuso de poder, las relaciones dominio-sumisión. Hay que ofrecerles otros modelos. Desde cada lugar en el que uno esté, por más pequeño que parezca, se puede trabajar”.

«Libres de Bullying» es un grupo de profesionales  y docentes dedicado a la prevención, detección e intervención del hostigamiento escolar.
Brindan  charlas y talleres a alumnos, docentes y padres. libresdebullying@yahoo.com.ar


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