Yo me avergüenzo, tú te avergüenzas, él sufre, nosotros nos avergonzamos…

ojos tristes

Se hacía tarde para mi plan perfecto de sábado por la noche. Nada de cocinar;  unas ricas empanadas de Los Vascos, comer temprano, los chicos a la cama, y una buena película –si es posible una comedia para canalizar un poco de alegría contenida durante la ajetreada semana laboral. Aligeré el paso para poder llegar a tiempo a encargar la comida y entré embalada a la rotisería, como si nada más existiera esa noche más que mi plan.

En mi atropello me encontré con unos ojos tristes. Una mirada que hacía varios años no veía. Es que cuando una  vive en Buenos Aires, esos ojos son corrientes, y de tanto mirarlos se logra cierta inmunidad. Pero en Puerto Santa Cruz me había olvidado…la puñalada de ver la pobreza, el desamparo y la tristeza en su máxima expresión, no es un sentimiento habitual. Acá la pobreza es invisible.

Una mujer  frente al mostrador. Apenas vestida con ropa totalmente inapropiada para un agosto cualquiera de la Patagonia. A duras penas intentando calmar a su hijito, de no más de un año, un poco más abrigado, pero solo por la superposición de capas de remeras y algún que otro abrigo.

No mendigaba. Estaba vendiendo películas y cd’s truchos. Será por eso que no atiné a darle plata. No estaba pidiendo… será por eso que me dio vergüenza darle algo de la ropa que tenía guardada hace varios días en el baúl del auto. Ropa para llevar a la Iglesia,  que por mil excusas diferentes seguía durmiendo el sueño de la inutilidad absoluta, cuando podría estar abrigando a alguien en ese momento.

Encargué mis empanadas y me fui con una sensación horrible. La vergüenza no era por ella, era por mí. Me quedé petrificada sin saber que hacer. O mejor dicho sabiendo que llevar a una mujer con su hijito a mi casa no entraba dentro de mi plan perfecto de sábado a la noche.

Qué fácil resulta echarle la culpa siempre a los demás. Lo que me pasó el sábado  es solo el reflejo de lo que nos pasa como sociedad. Hablamos de la pobreza, reclamamos al Estado que la combata, despotricamos contra la falta de solidaridad y lavamos nuestra conciencia dando monedas, regalando ropa o donando una suma fija por teléfono para que sea debitada de manera automática –no sea cosa que nos tomemos el trabajo de acordarnos cada mes- de nuestra tarjeta de crédito.

Pero mirar a los ojos nunca. Porque esos ojos pobres nos muestran nuestra miseria. Ponen a prueba nuestra verdadera generosidad y nos devuelven la imagen del egoísmo y la falta de compromiso.

Todavía siento esa mirada. La mirada de otro en la que deposito mi propia flaqueza. Si alguien sabe como puedo olvidarla le pido por favor que no me lo diga. Necesito aprender y que todos aprendamos, porque mientras yo soy indiferente y tu eres indiferente y él sufre y nosotros no hacemos nada, Puerto Santa Cruz encontrará cada vez más seguido, a la vuelta de la esquina,  los ojos de la pobreza.

LC


6 comentarios acerca de “Yo me avergüenzo, tú te avergüenzas, él sufre, nosotros nos avergonzamos…

  1. No pretendo, Lucila, decirte cómo olvidar esa mirada triste. Pero, sí animarte. Es cierto que no podemos con unas monedas, ropa o donación indirecta lograr que esa mirada brille.
    Creo que todos podemos saciar el hambre y el frío, por unos momentos,. Y lo hacemos. Vos no los llevaste a tu casa. También sería por unas horas.
    Ellos se quedaron en tu mirada e inmediatamente actuaste, desde tu lugar,el que elegiste: tu página. Y nos mostrás esa mirada a muchas personas .
    Hiciste mucho para que esa mirada algún día brille.Cumplir con tu rol de ser humano atenta, preocupada y ocupada de querer cambiar esta triste realidad argentina.
    Tus palabras son sus voces y esa mirada hoy te sonríe.

  2. Excelente nota!! Son de esas lecturas, que por crudas que se presenten, te atrapan hasta el final.Como un buen libro, una buena pelicula…Te permiten “ver” el relato.Mis palabras, hoy son para el periodista, y quiza la intencion, de la misma, la deje en segundo plano.
    Este oxigeno que se respira, entre tanto aire viciado y nocivo, me permite ver con esperanza, el futuro de nuestra querida comunidad!!
    Ustedes, chicas, saben quien escribe…tienen memoria!! “SE LAS DEJO PICANDO”. Como siempre…¡un placer!

  3. Gracias Susana, por dar una palmada en la espalda, que me supo a reconocimiento al granito de arena, y la calma del granito de arena puesto al servicio de la humanidad es de gran consuelo.
    Yo no se como podrias olvidar la mirada de la desesperaciòn, creo que tarde o temprano a otra cosa mariposa, todo sigue como era, porque se que son incontables la cantidad de miradas de esas q he visto y que ya he olvidado.
    En realidad te deseo que nunca la olvides, que yo misma no pueda olvidarla, que nunca nadie pueda volver a olvidar una mirada como esa, para que a fuerza de memoria aportemos cada uno de nosotros nuestro granito de arena y con cada uno de eso granitos aportados podamos construir un mundo diferente, mejor, mas solidario.

  4. Lucila, espero ya te sientas mejor por ponernos a todos a pensar, yo q nací y me crié tan felizmente aca, volví unas cinco veces de las ciudades, a vivir aca donde todas las miradas podían resistirse y ahora me pasa igual q a vos.
    Mi plan entonces es ver q puedo hacer por ellos y no te sorprendas si alguna vez mes ves jugando o haciendo tarea con chicos q no tienen qien los ayude con eso o simplemente quieren hablar; un día pensé q… ya q no dispongo de plata, por lo menos puedo resistir esas miradas y por un ratito muy chiquito cambiarlas, las carencias no son solo económicas todas las personas necesitan saber q hay alguien para ellos.
    Bueno es lo q puedo hacer, es poco comparado a lo q quisiera, pero es algo q sostiene mi ideal de hacer algo y q la solidaridad, la humildad y el creer en el otro me acompañe siempre; además … me divierto una banda con mis amiguitas!!!! nadamos y charlamos, y estudiamos…un poquito mas cada vez!
    Un abrazote!

  5. Hola Lucila, la verdad es que muchos creen que aca no pasa nada, que no hay hambre,que todos somos felices, si yo realmente te pudiera contar lo que veo día a día, no es solamente hambre y frio. Lo que veo y palpo es un gran sufrimiento en esta sociedad de niños y padres, carentes de sueños, ilusiones y de alguien que los proteja, que los abrigue de amor, comprensión, que los escuchen y quien tenga que darle seguridad que se las brinde. Yo tantas veces me he sentido ante esto tan impotente, tan triste y atada de manos, noches sin poder dormir pensando qué puedo hacer para poder acompañar a esta sociedad, pero tambien tengo que tener presente mi Familia.

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