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Publicación Quincenal
Puerto Santa Cruz
10 Septiembre 2010
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Campanadas

Parroquia PSC. Exaltación de la Santa Cruz.

Parroquia PSC. Exaltación de la Santa Cruz.

Cada vez que vislumbro el mes de diciembre en el horizonte próximo y la presencia cada vez más palpable de las fiestas, recuerdo una vez más a mi abuela y por una serie de asociaciones que no revisten explicación, la presencia de la ya centenaria Iglesia de mi pueblo. Sé el porqué de esa relación: la famosa misa del gallo, a la que mi abuela infaltablemente asistía cada año. Era un rito en sí mismo, más allá de las propias convicciones religiosas. Y yo la acompañé durante muchos años, antes que nada intrigado, porque alguien me había contado que la misa se llamaba así porque en un momento dejaban escapar un gallo para que alguno de los presentes lo atrape. No entendía por qué lo hacían, pero ansiosamente esperaba -en vano- ver luchar al animal y picotear sin cesar hasta zafarse de las manos de los feligreses, que imaginaba presentes sólo para eso. Y frustrado volvía de la mano de mi abuela, mientras ella reía por mis preguntas, apurados para llegar a la casa donde el resto de la familia esperaba entre la garrapiñada y el pan dulce.

Ese quizás sea el primer recuerdo de la relación con una Iglesia que aparece una y otra vez en mi vida y sobre todo en la de mi abuela y que en su caso se extiende hasta el último minuto de su vida. Aún sigo maravillándome como la primera vez de la belleza de la parroquia cada vez que paso frente a ella y al igual que cualquiera que la conozca, no dejo de recomendar, orgulloso, a visitantes ocasionales, amigos y parientes lejanos que la visiten y admiren, como una reliquia o un museo. Con cien años recién cumplidos, su historia es conocida por todos: de la mano de la congregación salesiana y gracias al aporte de toda la comunidad que aportó plata para el terreno, se funda en 1909 la Iglesia Exaltación de la Santa Cruz. De ese relato siempre me fascinó el dato del largo viaje que tuvieron que realizar desde Turín el Cristo articulado, las campanas, los vitrales y el reloj, entre otros elementos. Imagino un enorme barco que durante semanas soporta el oleaje y el aire de mar, las lluvias y el sol, que atraviesa el océano y todas sus mitologías para llegar al otro lado del mundo a revestir de gloria y belleza una Iglesia del sur argentino.

Como suele suceder no recuerdo el primer momento dentro de la Iglesia, pero fue bien temprano, porque me bautizaron ahí. Pero ese fue sólo el comienzo porque la relación es extensa: en algún momento fui monaguillo, cursé catequesis, hice mi confirmación, se casaron mis primas, bautizaron a sus hijos y calculo que la historia continuará. Rescato varias cosas de toda una vida tamizada por la Iglesia, entre ellas, la fundamental figura de los sacerdotes, que en algunos casos se convierten con los años en personajes del pueblo. Mi padre me cuenta de Pastore, Tardivo, Ticó (famoso por ser un sacerdote nacido en el pueblo) y Alfaya. A este último lo llegué a conocer en unas pocas misas en que lo vi, con su enorme barba y su especial vozarrón, ideal para sus extensas homilías -aunque en realidad me dice mi padre que se especializaba en retos colectivos muy explícitos. Yo también recuerdo a algunos: a Ruiz, al padre Soto –tan querible con sus actualizados sermones y sus inconfundibles “che” con los que trataba a todo el mundo- y sobre todo a Carlos Ángel, el sacerdote que se encargaba de llevarle la misa a la casa a mi abuela, los últimos años cuando ya no podía levantarse. Aparecía los sábados a la mañana, cordial y de buen humor como siempre y charlaban largo tiempo con mi abuela para finalmente, como manda el rito, dejar que ella comulgue. Siempre se repetía así, inclusive la despedida, cuando me decía “hace rato que no te veo por la Iglesia”, casi al pasar y con una memoria infalible. Lo recuerdo como un personaje simpático pero frontal y comprometido. De hecho, viene a mi memoria un lejano Tedeum previo a un 25 de mayo al que asistimos con el colegio. La parroquia estaba llena de gente. Las autoridades en los primeros asientos y las banderas y delegaciones de colegios a los costados. El sermón no fue extenso pero conciso y claro. El sacerdote, frente a las mismas autoridades, renegaba de una noticia de la semana, según la cual los legisladores habían ampliado sus dietas. Sin golpes bajos ni indirectas la homilía se encargaba de remarcar un hecho que no habían tocado ni radios ni periódicos. Como suele suceder, recuerdo luego polémicas y declaraciones opinando sobre la pertinencia o no de esos discursos en fechas patrias. Recuerdo al propio sacerdote volviendo a reafirmar sus dichos por las radios del pueblo. Y si bien nunca supe si se concretó o no el renombrado aumento, su figura en cierto sentido se agigantó en mi recuerdo, quizás porque de repente me di cuenta de que no era sólo una figura decorativa con sotana.

No recuerdo cómo sonaron las campanas ese día, pero seguro que distinto a todo lo que había escuchado, porque no sé si lo dije pero estoy convencido de que las campanas suenan distinto de acuerdo a la ceremonia que se celebre. En mi fugaz paso como monaguillo contemplé desde abajo las campanas y las largas sogas, supe de la fuerza para lograr que repiquen de una u otra manera y siempre que las escucho pienso en las pulsaciones necesarias para lograr el ritmo justo que la ceremonia requiere. Los casamientos, bautismos y confirmaciones necesitan que las campanas vibren distinto, se nota en esos momentos la agitación alegre, el chocar brusco y alocado de las campanas que se unen al festejo. Pero sobre todo, no existe un tañido más doloroso que el que acompaña a un sepelio. Porque mi abuela también asistió a esa ceremonia en su querida parroquia. Las lágrimas que nunca son pocas se tornan más tristes cuando se escucha el tañido lastimero de la campana que toca sin querer una fibra íntima, un resorte del corazón que recuerda su latido doloroso con su golpe, certero, ensordecedor y con ritmo cansino. De ese día, sólo recuerdo ese sonido que ahonda el dolor de la pérdida, el silencio respetuoso y la tristeza familiar. Igualmente, la historia de mi abuela, que es parte de mi historia es un fragmento del relato de nuestra parroquia. Por eso, todos los años cuando se acerca diciembre, prefiero recordar a la familia reunida que nos espera sobre la mesa navideña y sobre todo, nuestro paso acelerado por la noche del pueblo, mientras escuchamos la alegría que se desprende de las casas que se preparan para recibir otra Navidad y a mi abuela sonriendo con picardía sin contestarme cuándo va a aparecer el famoso gallo de Nochebuena.

Gilgamesh

3 Respuestas sobre “Campanadas”

  1. Graciela Deibe dice:

    Gracias, mil gracias por este relato maravilloso!!!!!!!!!!! Mi primera iglesia, aquella donde aprendí amar a Cristo fue la de mi querido pueblo. Recuerdo esas misas de domingo a las 11hs. cuando las niñas concurríamos con nuestras mantillas blancas de tul bordadas, la cabeza siempre cubierta como señal de respeto. Volví a escuchar esas campanas….. Surgieron de mi memoria y de lo más recóndito de mi alma. Mucha emoción me invadió a medida que leía Campanadas…… Los padres Tardivo y Ticó…… la chacra de los curas donde se conseguía fruta y verdura fresquísima…… Gilgasmesh: genio!!!!!!! Gracias por iluminar mi corazón y mi día (gris y muy lluvioso!!!!!!) en este lugar de la llanura bonaerense.

  2. Maria dice:

    Hermosa tu evocacion Profundo el homenaje a tu abuela y el reconocimiento a los Parrocos que condujeron el rebaño de esta Parroquia, cada uno con sus particulares caracteristicas y Carlos Angel emergiendo con su titanica humildad, defendiendo a los desposeidos , evocando la generosidad de los patriotas y asistiendo a los ancianos en sus visitas domiciliarias sin descuidar a los jovenes.
    Me alegra tu memorioso relato , Dios quiera que despierte en muchos la necesidad de imitar esas practicas que parecen haber caido en desuso …….. ya que hoy parece que solo se vive pour le galerie….

  3. Sil dice:

    Yo también iba con mi abuela a misa de Gallo y esperaba ver un gallo en algún momento de la celebración!!! Gilgamesh te superás con cada edición, nunca dejes de compartir con tus seguidores tus relatos. Saludos!

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