Definitivamente los desfiles de carrozas se han acabado. Y su proceso fue lento y previsible. Durante muchos años sólo los muchachos de la municipalidad aportaban un trabajo que, fuera de competencia, se llevaba los aplausos de todos y maravillaba a los niños. Y hace otros pocos años, ya ni eso existe. Sin desmerecer el trabajo, sólo murgas y comparsas -en el mejor de los casos- otorgaban un poco de color al inicio de la primavera.
Si pasáramos la película al revés, el final sería sorprendente. Porque hace años, los desfiles eran multitudinarios y las carrozas una competencia de originalidad y belleza. Durante mucho tiempo los estudiantes secundarios esperaban ansiosos ese mes anterior a la primavera para trabajar tardes y noches enteras con la ayuda de padres, primos y hermanos. Todos sabían que el resto estaba trabajando en su carroza pero nadie sabía de qué se trataba hasta el mismo día del desfile. Era un hermoso juego de ocultamiento y secretos compartidos. Un mes entero de trabajo generalmente en viejos patios cercados o algún taller amigo para poder, a la vez, esconder la carroza.
Y ese día, el inicio de la primavera tenía su fiesta. Durante años disfrutamos de esos desfiles que constituían para nosotros, chicos de jardín o de primaria, un momento de fantasía. Todo el pueblo se reunía y se develaba el misterio de todo un mes de trabajo: de a una se veían llegar las carrozas sobre la calle Roca y lentamente acompañaban la procesión hasta la costanera frente a la ría. Una de esas primaveras memorables, que recuerdo como si fuese la única que haya vivido, es la del reloj Cucú gigante.
Ese día fue ideal. Hasta el clima era distinto en esos tiempos, realmente era un día de primavera. La cita para el desfile comenzaba al caer la tarde, cuando el cielo se torna de fuego por unos instantes antes de la llegada de la noche. De la mano de mi madre o a espaldas de mi padre esperaba expectante la llegada de los carros. Y aparecían como de un sueño: primero la música que anticipaba la sorpresa y luego la carroza, de diferentes colores y temáticas. Las había simples pero divertidas y las que más admirábamos: gigantes y asombrosas.
Ese año se mezclaban una carroza colorida llena de personajes de cuentos de hadas que saludaban incansables -desde Caperucita y la Bella Durmiente hasta un enorme Lobo feroz- con un gran pájaro verde que batía las extensas alas. Todos nos fascinamos con un dinosaurio colorido y muy alto, magistral, perfecto. Pero todo mi recuerdo se lo ganó el Cucú gigante. Estábamos con mi familia en la esquina que une la calle Roca con la Costanera, frente a la Cruz del Centenario, quizás para prolongar un instante más la sorpresa, porque esperábamos que giraran para poder verlas. Allí apareció la enorme estructura que simulaba un reloj cucú de madera, altísimo y que mi mente de niño agiganta a alturas insospechadas. Me recuerdo diciéndoles a mis amigos que era tan alta como la misma cruz del monumento.
Más allá de la exageración de niño maravillado, la carroza era realmente alta. Y mi admiración estaba dada porque de aquellas alturas emergía de unas puertas estratégicamente armadas, un pájaro amarillo, un chico disfrazado con plumas que subido a una madera diminuta gritaba el clásico “cucú!” que se perdía en la noche plagada de música, aplausos y ruidos varios. Cada vez que pienso en las carrozas, mi recuerdo no puede separarse de la figura de ese muchacho disfrazado de pájaro con plumas. El desfile culminaba con comparsas que aportaban más colorido y música. Y finalmente, luego de conocer a los ganadores de la noche, el pueblo en lenta procesión caminaba dos o tres cuadras al lugar elegido para la quema del muñeco de nieve. Una tradición que no sé de dónde provenía pero que tenía todos los condimentos de un rito colectivo: un muñeco blanco cargado de petardos y estopa; alrededor, una ronda con todos los que quisieran sumarse mientras el resto de la gente miraba y batía las palmas y el encargado de prender el fuego que iniciaba la quema que concluía cuando el muñeco se consumía. Todos los simbolismos confluían en esa puesta en escena: el del muñeco con la nieve que ya debe derretirse, la del fuego que devora y da inicio a la nueva etapa, la del calor que se aproxima representado en una antorcha.
Todos sabíamos que quizás al otro día llovería o que todavía el viento y el frío acompañarían nuestras jornadas pero este festejo marcaba un cambio, aires nuevos, bríos distintos, ganas de avanzar un poco más porque el fin del año ya estaba más cerca. O porque las carrozas habían demostrado una vez más a una juventud que seguía esforzándose por maravillar aunque sea por un instante nuestras vidas. Como sea, sigo pensando que el chico disfrazado de pájaro no es más que una metáfora de ese esfuerzo. Alguien dispuesto a soportar el frío de la noche, a gritar incansablemente aunque nadie lo escuche y a caminar por un exiguo soporte sólo para terminar de dar forma a una carroza colosal pero que necesita de su actuación para ser perfecta. Quizás algún día vuelva a entenderse que esfuerzos como esos siguen valiendo la pena aunque más no sea para alegrar un instante, unir y dar colorido a un pueblo o provocar la admiración de los niños.
Gilgamesh

Portada
Editorial
Contrapunto
Entre Líneas
Yo Periodista
Notas
Auspicios
Quiénes Somos

Lindísima tu descripción Gilgamesh!!! Si bien no estuve presente en esa ocasión, tu relato me hizo sentir como si realmente hubiera estado.
Lamentablmente éste año no tuvimos tanta suerte. El dia de la primavera pasó desapercibido. Se ve que nuestro señor intendente y sus colaboradores (todos empleados nuestros) estaban muy ocupados en temas de alta política. O a lo mejor, por no tratarse de año electoral, no le dieron mayor importancia. Lo mas triste es que de alguna manera, al romper con estas tradiciones, nos llevan a la pérdidad de nuestra identidad.
Que lástima señor Gonzalez que ya se olvida de nosotros y nuestra querida Puerto Santa Cruz.
Coincido en parte con Pablo. Parte de la responsabilidad de que este año no hayamos tenido fiesta de la primavera es de nuestros Gobernantes. Les faltó creatividad e ingenio para organizar un evento sin necesidad de “gastar” para que tenemos la Banda Joaquín Andreu, para qué las comparsas, para qué una escuela de tango y de folklore. Desde la Dirección de Cultura podrían haber desbordado de ingenio
Pero creo que también es nuestra culpa. Hemos perdido lo que Gilgamesh rescata en su nota. La alegría, las ganas de participar, la curiosidad. La primavera se ha celebrado en todo el mundo desde hace miles de años. Es una fiesta en la que se celebra el comienzo de la vida. En Puerto Santa Cruz parece que ya no nos queda ni eso.
Gilgamesh, siempre nos lleva a la infaltable frase que dice “Todo tiempo pasado fue mejor”…sus relatos, metaforas, descripciones, nos permiten viajar en el tiempo, y hasta podemos ver el CUCU gigante doblando por la avenida.Tanto Pablo como Kari, con la certeza implacable que tienen los Dioses, ya tienen un veredicto, y seguramente dormiran tranquilos creyendo, como tantos en este bendito pais…que la culpa y resposabilidad “SIEMPRE” son del otro.
Creo que las responsabilidades, ideas y proyectos, pueden compartirse. Creo tambien que el eterno organizador, este año falto, pero nadie acerco alternativas o propuestas, que sean promotoras de esta magia que nos relata Gilgamesh.Creo que la perdida de identidad, se debe, a que siempre estamos esperando que “El Estado”, nos mantenga en todo, y cuando esto no se da, NOSOTROS no somos responsables. Donde quedo esa idea de “Compromiso y Participacion”…(un poco y un poco…el estado somos todos), y seguramente quien critica desde la posicion basica de “los otros son culpables”…nunca siquiera se ha interesado por mejorar las historicas carrozas.
¿¿Cuando comenzaremos a ver nuestros propios errores como ciudadanos??
Estimado Pepe Sánchez: Creo haber sido clara en que la responsabilidad es compartida!!! Entiendo por tu “guiño” que debés ser una persona allegada al Gobierno y me alegra poder debatir, aunque sea por este Medio. Puedo afirmarte, con conocimiento de causa, que de “Compromiso y Participación” solo puedo haber llegado a conocer la pata de “compromiso” en varios de los funcionarios que hoy en día nos gobiernan, pero lo de “participación” me parece que siempre ha sido más una predicación que una realidad. Los independientes nunca hemos sido escuchados, ni aún cuando quisimos hacer nuestro aporte. Sin ánimo de confrontar y salirme del tema, que da para un debate respetuoso e interesante, realmente creo que a nuestro pueblo le vendría muy bien recuperar muchas de las fiestas populares que ayudan a unir, a conocerse, a recuperar amigos y sobre todo a recuperar la alegría! Si no hay fondos, pues seamos creativos…TODOS!!!! espero que el próximo año se nos ocurra algo, Saludos, Kari
QUE BUENOLO QUE DICEN YO RECUERDO UN KING KON GIGANTE UN GUSANO QUE ESTABA FORMADO POR TODOS LOS CHICOS DE LA DIVISION,UN GRAN AVION Y UNA PENA NO RECUERDO EL CUCU PERO SI QUIERO DECIR QUE LA RESPONSBILIDAD ES DE TODOS PERO SIEMPRE ES MEJOR QUE LASIDEAS SALGAN DEL ESTADO Y NO SIEMPRE DE LOS INDEPEMDIENTES PORQUE SE SUPONE QUE QUIENES ESTAN DIRIGIENDO ESE ESTADO SON REPRESENTATIVOS DE LA SOCIEDAD QUE LOS VOTA PARA PRECISAMENTE ESO SABER INTERPRETAR QUE QUIEREN SUS CIUDADADNOS QUE REPITO LOS VOTARON,Y LO QUE LE PASA A ESOS POLITIQUITOS ES QUE CUANDO ESTAN DONDE QUERIAN ESTAR SE OLVIDAN DE LA GENTE QUE LOS VOTO Y SU UNICO PROPOSITO ES VER COMO HACER ´PARA QUEDARSE MUCHO TIEMPO EN ESE “ESTADO”QUE MANTENEMOS TODOS LOS CIUDADANOS Y QUE LOS MANTIENE A ELLOS EN SUS BANCAS DURANTE AÑOS GRACIAS
Parece Pepe que te quedó el zapato. Serás funcionario público?. Tenés mucha razón en cuanto a la participación. En plano nacional, preguntale a la oposición de la Cámara Alta la posibilidad de debatir (participar), sobre la ley de medios. Sin palabras. En el plano local, lo dejo para otro debate. No obstante, me siento un ciudadano que trabaja, paga sus impuestos, participa en cuanto evento o posibilidad está a la vuelta. Pero no te confundas. El gobierno es el responsable y para eso cobran. O será que la Política de gobierno apunta a satisfacer necesidades propias, personales o sectoriales que las de todo un pueblo?
No creo que Pablo y Kari tengan la “certeza implacable de los Dioses” (parece una afirmación descalificadora digna del signo K). Simplemente son ciudadano que manifiestan sus ideas en forma libre y democrática. Por suerte contamos ahora con un medio como esta revista que nos permite hacerlo. No responsabilices a la gente de las falencias de ésta gestión. En el sistema democrático el Pueblo gobierna a través de sus representantes. Pues de eso se trata. Tengan por lo menos la dignidad de asumir sus errores.
Querido Gilgamesh:
Realmente es excelente tu descripción de las costumbres pasadas y actuales.
Me encanta como escribís.
Pienso que es necesario creatividad y deseos de expresar las cosas, y por eso se realzan tus artículos.
Bien por Al Sur Digital …. cada entrega está mejor.
hola a todos/as!!!
me acuerdo del king kon, me acuerdo y me acuerdo… yo pienso que para los mas grandes, seguro que todo tiempo pasado fue mejor, porque lo construimos nosotros…
no quiero entrar en eso de buscar responsables, porque es algo de nunca acabar… yo recuerdo tambien, en años en que la plata no valia nada, los chicos impulsados por los grandes haciamos comparsas, lo que sea para festejar la primavera… eso si me preocupa que dejemos de festejar lo nuestro, lo folklorico, para darle paso a que??? …a nada.
saludos
daniela